| Con puño de piedra | ||||
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La táctica del Real Valladolid se resume con facilidad. Marcar un gol antes del minuto diez y después rematar el partido en cuanto el rival se deje. Sencillo. Y de fácil aplicación, por lo que se ve. En el minuto 6, gol de Javi Guerra. En el minuto 50, o sea, en el cinco de la segunda parte, gol de Javi Guerra otra vez. Y acompañando a ambos, dos golitos más de Calle para agarrar con fuerza el liderato de la categoría. Cinco triunfos consecutivos -tres en Liga y dos en Copa-, marcadores contundentes en Zorrilla, eficacia goleadora y solvencia defensiva... Circunstancias que pueden dar la sensación engañosa de que hasta ahora no se ha jugado 'contra nadie'. Vamos, que los rivales andaban faltos de entidad y por eso se han llevado lo que se han llevado. Una falacia que se desmiente con un simple vistazo a la clasificación. Al Villarreal B se le menospreció porque, total, solo era un filial. El mismo filial que doblegó al Albacete y vapuleó a la Ponferradina, y que ahora suma seis puntos. También se dijo que la UD Las Palmas era un equipo con bajas y blandito. Nada se explicó sobre los suplentes blanquivioletas que golearon en aquel partido, ni se dirá nada de los 7 puntos que tienen ya los canarios en la Liga. Para hoy, el menú del pesimista se abrirá con un «el Recreativo tiene cero puntos» y se cerrará con el postre de «el Valladolid tampoco jugó tanto». Pues analicemos. El Real Valladolid saltó al campo a las doce en punto. Parece obvio, lo mandaba la tele. Pero es que el rival no lo hizo. Salió un poco a ver qué pasaba y el Real Valladolid se tiró a la yugular. Se colocó el puño de piedra, tocó un par de veces aquí y allá y encontró a Javi Guerra. Y aquí un paréntesis. La pareja Guerra-Calle está presentando unos niveles de acoplamiento y de pegada descomunales. Recuerda al tándem Aduriz-Hornos de la temporada 2004-2005. Dos delanteros que se entienden, que abren huecos, que trabajan con unos movimientos defensivos inteligentes y que, además, están en racha. Pero a lo que íbamos. El puño de piedra. De granito puro. Al rival no le da tiempo ni a bajar la guardia. El Recreativo salió al campo avisado. Conocía de primera mano a la mitad del once titular blanquivioleta, ya que Álvaro Antón, César Arzo, Sisi y Calle tienen pasado albiazul. Y Fabricio podría haberles contado cuáles eran los puntos fuertes y débiles de otros tantos, como Nauzet, Pedro López o Álvaro Rubio. Dio igual. Salieron lastrados por sus dos derrotas en dos partidos y asomaron la nariz. En cuanto bajaron el brazo izquierdo un poco para otear mejor, ¡zas! Un directo en todo el mentón. Un estacazo de KO. Prolongación, carrera y disparo certero ajustado al poste contrario. Y en el minuto 6. Defensa y Jacobo Una vez logrado el gol llega la hora de jugar con inteligencia. De controlar el partido. Y esa es la única pega que se le puede poner al Valladolid de ayer. Se le concedió demasiada iniciativa al Recreativo a partir del 1-0 -pero sobre todo desde el 2-0- y el equipo onubense se vino arriba. En ese momento irrumpió con fuerza la figura de Jacobo, inédito hasta ayer. Dos paradones y un poste colaborador acabaron con las esperanzas del Recreativo. La actuación de Jacobo, a pesar del 4-0, supera lo anecdótico. Es trascendental que en los equipos que reciben pocas ocasiones de gol los porteros sepan responder de la forma más adecuada. Rara vez serán los jugadores más destacados. Pero su misión será crítica. Detener el par de remates del rival que verdaderamente llevarán peligro. Del resto ya se encarga la defensa. El defecto, con todo, no estuvo en la defensa, sino en el concepto defensivo del equipo. Jorge Alonso sumó, por tercera vez en tres partidos, una amarilla temprana. Contra el Villarreal B lo hizo en el minuto 3; contra el Granada, en el 15; y ante el Recreativo, en el 28. Demasiada rémora para un mediocentro que a partir de ese momento debe defender su posición con el freno de mano puesto. Como consecuencia pierde protagonismo y, a partir de ahí, perjudica al resto de las líneas. El Recreativo se aprovechó de ello para tener sus mejores minutos, hasta que Antonio Gómez movió el banquillo en el descanso. Por tercera vez, suplió a Jorge Alonso. Por tercera vez, su sustituto fue Javier Baraja. «Para restaurar el orden táctico», explicó después Gómez. Y resultó. El Real Valladolid recobró el orden, volvió a resultar letal a los cinco minutos de reiniciado el juego y después se dedicó a dejar que el Recreativo tocara el balón sin profundizar nunca. Una labor agotadora. Exhausto y desanimado el Recreativo, el resto de la mañana fue de lucimiento local. Un par de intentos de contragolpe hasta que cayó el cuarto y tiempo para descansar y pensar en el duelo ante el Betis del próximo domingo. Cuando Lesma López pitó el final, llegó la hora del recuento. Nueve puntos de nueve, dos eliminatorias coperas pasadas con victorias, cuatro partidos sin encajar goles, ocho tantos a favor y cero en contra en Liga, dos delanteros que suman siete goles en tres partidos de Liga (Calle, 4 y Javi Guerra, 3)... Cifras que hablan de contundencia, de pegada, de fuerza. Del granito con el que se arma el brazo del nuevo líder de Segunda.
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