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Ecos de la goleada en Balaídos
Escrito por dkno    Domingo, 27 de Marzo de 2011 17:12    PDF Imprimir E-mail

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El quebranto de la fe.

Pasado por agua. Vapuleado por el viento. Herido, que no muerto. Balaídos pareció ayer un pelele al capricho de los elementos. Se quería convertir la fecha en una muestra de fortaleza en las gradas y en el césped. En un ejemplo palpable de que hay afición y hay equipo. Haberlos hailos. Pero cómo están.

Tenemos afición, pero poca
Se pedía apoyo. Se deseaba superar récords. Se añoraba noches de cuasi lleno... Todo se fue al garete. Y no sólo por el resultado. El principal culpable, diremos los cronistas, fue el tiempo. A pocos (10.408) les apeteció ayer dejar el calor para incrustarse en el frío. El único que se sintió como en casa fue el viento. Agitó las banderas hasta convertir los mástiles en dramáticos asideros. Y dificultó hasta el extremo el trabajo de los operarios que tenían que portar las pancartas publicitarias. Su pelea contra la lluvia y el viento ejemplificó la que sobre el césped mantenía el equipo y la que en las gradas sufría la afición. Resfriado anímico.

Desinflado muñeco de Michelin
Paseó sus redondeces por el campo, despertando la curiosidad de las gradas. Pero ni siquiera al muñeco de Michelin, ese icono venido a menos, se le veía ayer enchido. Desinflado, fue intentando contagiar algo de alegría, pero sin fe. El otrora orondo personaje, parece haber perdido soltura. Ya ni la gordura es sinónimo de alegría. A los muñecos los adelgazan.

Fabricio, el dueño del tiempo
El reloj interno del portero del Recreativo tiene un ritmo propio. Lento, pero inteligente. Su afán por perder el tiempo antes casi de que el partido empezase lo convirtió en objetivo de la afición local, necesitada de un enemigo común para gritarle ya que en su equipo no encontraba el amigo común que despertase pasiones. El ex cancerbero del Deportivo sirvió de diana para que el celtismo sí se hiciese notar en el desarrollo del partido. Porque cierto es que el portero rival perdió tiempo con osadía, pero no lo es menos que al señor Ontanaya López le resultó más sencillo amonestarlo con tal razón al ser espoleado por la grada.

La fe quebrantable
Qué mal sienta perder cuando estás acostumbrado a ganar. Una derrota se asume como accidente; dos, como mala racha; tres, como síntoma de quebranto. Balaídos empieza a caminar por arenas movedizas en lo anímico. No hay quejas contra el equipo. Incluso se coreó el 'Celta, Celta' al encajar el tercer gol. Pero la fe ya no es inquebrantable. Lástima.



 

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