
El quebranto de la fe.
Pasado por agua. Vapuleado por el viento. Herido, que no muerto. BalaÃdos pareció ayer un pelele al capricho de los elementos. Se querÃa convertir la fecha en una muestra de fortaleza en las gradas y en el césped. En un ejemplo palpable de que hay afición y hay equipo. Haberlos hailos. Pero cómo están.
Tenemos afición, pero poca Se pedÃa apoyo. Se deseaba superar récords. Se añoraba noches de cuasi lleno... Todo se fue al garete. Y no sólo por el resultado. El principal culpable, diremos los cronistas, fue el tiempo. A pocos (10.408) les apeteció ayer dejar el calor para incrustarse en el frÃo. El único que se sintió como en casa fue el viento. Agitó las banderas hasta convertir los mástiles en dramáticos asideros. Y dificultó hasta el extremo el trabajo de los operarios que tenÃan que portar las pancartas publicitarias. Su pelea contra la lluvia y el viento ejemplificó la que sobre el césped mantenÃa el equipo y la que en las gradas sufrÃa la afición. Resfriado anÃmico.
Desinflado muñeco de Michelin Paseó sus redondeces por el campo, despertando la curiosidad de las gradas. Pero ni siquiera al muñeco de Michelin, ese icono venido a menos, se le veÃa ayer enchido. Desinflado, fue intentando contagiar algo de alegrÃa, pero sin fe. El otrora orondo personaje, parece haber perdido soltura. Ya ni la gordura es sinónimo de alegrÃa. A los muñecos los adelgazan.
Fabricio, el dueño del tiempo El reloj interno del portero del Recreativo tiene un ritmo propio. Lento, pero inteligente. Su afán por perder el tiempo antes casi de que el partido empezase lo convirtió en objetivo de la afición local, necesitada de un enemigo común para gritarle ya que en su equipo no encontraba el amigo común que despertase pasiones. El ex cancerbero del Deportivo sirvió de diana para que el celtismo sà se hiciese notar en el desarrollo del partido. Porque cierto es que el portero rival perdió tiempo con osadÃa, pero no lo es menos que al señor Ontanaya López le resultó más sencillo amonestarlo con tal razón al ser espoleado por la grada.
La fe quebrantable Qué mal sienta perder cuando estás acostumbrado a ganar. Una derrota se asume como accidente; dos, como mala racha; tres, como sÃntoma de quebranto. BalaÃdos empieza a caminar por arenas movedizas en lo anÃmico. No hay quejas contra el equipo. Incluso se coreó el 'Celta, Celta' al encajar el tercer gol. Pero la fe ya no es inquebrantable. Lástima.
|