| Los Guiñoles | ||||
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Según el diccionario de La Real Academia de La Lengua Española, se entiende por guiñol; “Representación teatral por medio de títeres movidos con las manos”. Dichos muñequitos, o… mejor monigotes, que se ajusta mejor a quienes tengo ahora en mente, son hechos de retales que no sirven para nada y son creados por gente lista, con gran capacidad inventiva y que los usa para contar “historietas”, ¿Les suena algo?. Recuerdo la historia de unos guiñoles tan embusteros, tan embusteros como los que estaban con la mano por detrás, que contaban echándose muchas flores, ser los cuidadores de un abuelo al que le llamaban Decano. Pero resulta que a dicho anciano sin previa consulta de la gente que lo quería lo habían estado estafando, desvalijando y robando sigilosamente. Pero lo más curioso, es que al principio del cuento los amigos de Decano veían con buenos ojos que los guiñoles amigos de lo ajeno, le llevaran sus papeles, acompañaran al banco y administraran su dinero y patrimonio. Aunque lejos de la realidad, lo que hacían ver a las miles de personas que quieren a Decano es que lo estaban mimando, pero lo cierto es que esperaban el momento para después de tanto y tanto decir que todo lo hacían tan bien, su entorno estuviera confiado y bajo un tupido velo llevar a cabo sus malos propósitos. Contaban en esta historia los guiñoles o títeres, que Decano estaba achuchado de dinero, sus administradores dijeron que lo mejor era vender su casa, bueno… no lo dijeron, la vendieron directamente y llevaron al pobre viejo a un piso un poco más grande, ¡nuevo eso si! Pero los muy canallas le cobraron 20 años de alquiler por adelantado y equiparon la nueva vivienda con enseres mucho más caros de lo que estaba acostumbrado este humilde hombre. La situación se estaba volviendo insostenible, pero los guiñoles malos de esta historia tenían tanta habilidad social que hicieron ver que todo era maravilloso y que Decano nunca había estado mejor, que esta era su “etapa de oro” pero la realidad era bien distinta. Contaba el malvado narrador, al que se le apreciaban como “mechas rubias”, muy mal pintadas por cierto, que un buen día ya no pudieron seguir mintiendo y es que todos reclamaban a Decano pagos pendientes, pero los vampiros chupones lo habían dejado sin casa propia, sin dinero y con muchas deudas, muchísimas que ni con el préstamo que habían pedido pocas semanas antes habían podido llegar a disimular ni un minuto más el atropello sobre el pobre viejo. Volvieron a intentar una última artimaña diciendo que haciendo no se que trámite en el juzgado, llamado ley concursal, todo se arreglaría, pero ya eran demasiados infundios, la gente lo vio claro, aunque tarde. Una vez descubiertas todas las mentiras el público asistente abucheó a los guiñoles malos que salieron corriendo despavoridos, mientras se escuchaban lindezas como ¡alimañas!, ¡cobardes!, ¡embusteros!, etc y es que la gente apoyaba a Decano, que era toda una institución querida de corazón por muchos, pero pretendida a la vez por los guiñoles malos. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Cualquier parecido con esta historia es pura casualidad ¿o no? Artículos relacionados
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